6:46 am - Jueves, 30 de Marzo de 2017

Trump cede ante la Justicia y suaviza su orden contra inmigrantes musulmanes

Donald Trumpha tenido que dar marcha atrás. Treinta y ocho días después de emitir la Orden Ejecutiva en la que prohibía la entrada en Estados Unidos de personas de siete países de mayoría de población musulmana, el presidente de EEUU ha emitido un nuevo y mucho más moderado decreto. La razón es simple: la Orden Ejecutiva del 27 de enero apenas estuvo en vigor ocho días. El 4 de febrero, un juez ordenó su suspensión, y tres días después el recurso del Gobierno fue rechazado por la Justicia.

El nuevo proyecto tiene muchas probabilidades de sobrevivir a los retos que le planteen en los tribunales. Por un lado, mantiene la cancelación de visados de entrada en EEUU durante 90 días, a partir del 16 de marzo, a las personas de varios países de mayoría de población musulmana a los que califica de “alto peligro en materia de terrorismo“. También preserva la suspensión de los visados de refugiado durante 120 días. Al cabo de esos 90 y 120 días, respectivamente, la Orden será revisada, y se decidirá si esas disposiciones se mantienen o no. Asimismo, el edicto reduce de 110.000 a 50.000 el número de refugiados que EEUU aceptará cada año. Pero cede en cinco aspectos fundamentales.

La concesión más obvia es el número de países afectados: Siria, Libia, Yemen, Somalia, Irán, y Sudán. Irak, que estaba en la primera Orden, se ha caído, oficialmente porque ha mejorado su colaboración antiterrorista con Washington, aunque la razón real es que las Fuerzas Armadas estadounidenses que combaten en Irak no pueden conseguir intérpretes o simplemente, personas dispuestas a trabajar con ellas si no les pueden ofrecer asilo en EEUU a cambio.

El segundo cambio es que la Orden no se aplica a quienes son residentes legales en EEUU o tienen un visado para entrar en el país expedido antes del 27 de enero. La resolución inicial incluía a residentes -una medida que provocó un enorme caos, y tuvo que ser derogada en 72 horas-, y a personas con visado. La tercera diferencia es que la Orden entra en vigor en 10 días, mientras que la anterior fue de aplicación inmediata, lo que provocó caos en los aeropuertos y escenas increíbles de viajeros de esos países con todos los papeles en regla que, al llegar a EEUU, se encontraban con que no podían entrar en el mismo país que les había dado el visado para, en ocasiones, actividades tan sospechosas como recibir tratamiento médico.

Con respecto a los ciudadanos de Siria, Trump, que antes les había prohibido indefinidamente recibir estatus de refugiados, les deja igual que a las personas de las otras cinco nacionalidades. La quinta diferencia es que desaparece la discriminación por religión, ya que la Orden del 27 de enero daba preferencia personas de esos siete países que pertenecieran a “minorías religiosas”, es decir, que no fueran musulmanes.

Aun así, la norma establece la creación de una lista de “crímenes de honor”, definidos como “violencia de género llevada a cabo contra mujeres”, siempre que ésta sea llevada a cabo por extranjeros y no por estadounidenses.

Con la Orden Ejecutiva que firmó ayer, Trump trata de recuperar la iniciativa política, de cara a lo que se supone que deberían ser sus dos próximas batallas: la derogación de la reforma sanitaria de Obama, y la escalada de la guerra de Siria, donde EEUU probablemente enviará tropas de tierra para arrebatar al Estado Islámico (IS, según sus siglas en inglés) la ciudad de Raqqa.

El presidente entró en la Casa Blanca como un ciclón, gobernando a base de decreto, y con una ambiciosísima agenda para sus primeros 100 días en la Casa Blanca, pero ya han pasado seis semanas y no tiene muchos resultados que estén a la altura de su retórica. Trump ha endurecido las medidas contra los inmigrantes indocumentados; ha retirado a EEUU de la Asociación Transpacífica (TPP, según sus siglas en inglés), un ambicioso tratado de libre comercio que el Gobierno de Barack Obama había diseñado como una barrera para contener a China; y ha desmantelado parte de las medidas de protección del medio ambiente y lucha contra el cambio climático de Obama.

Y poco más. Por no tener, el Gobierno de Trump no tiene ni cargos. Hay vacantes casi 600 puestos de designación política que deben ser propuestos por el presidente y aprobados por el Senado, pero la Casa Blanca no ha presentado a nadie. Entretanto, el gabinete de Trump vive en guerra civil.

Ultranacionalistas contra evangélicos, contra empresarios, contra el ‘aparato’ republicano, en un Gobierno asediado por las constantes filtraciones acerca de sus vínculos con el Gobierno de Vladimir Putin. Trump, según la prensa de EEUU, pasó el fin de semana en su club de campo de Florida, rodeado de sus íntimos, y gritando a todo el que se le acercara más de la cuenta. El culpable oficial ahora es el ‘Deep State’, que literalmente significa ‘Estado profundo’ y podría traducirse como ‘las cloacas del Estado’, una extraña alianza formada por agentes de la CIA, Barack Obama, funcionarios, ‘globalistas’, y, por supuesto, periodistas que conspiran para que el presidente fracase en todo. El siguiente enemigo será, como en las películas clásicas de James Bond, Spectra. Y Trump será Sean Connery.

Entretanto, el muro con México, la renegociación del tratado de libre comercio con ese país y con Canadá, la derogación de la regulación de Wall Street llevada a cabo por Obama, las bajadas de impuestos, y el plan de infraestructuras están, por ahora, en el limbo.

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